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Hasta para apostatar, la elegancia es un plus.
Vaya por delante que a mí, la apostasía me parece, así, de primeras, algo muy curioso. Y es que lo de pertenecer a una confesión religiosa es como lo del padrón municipal: no puedes borrarte de un ayuntamiento sin inscribirte en otro. Y yo me pregunto: ¿el que se “borra” de la Iglesia Católica ha pensado dónde se “apunta”?
Lo de la competencia entre los diferentes dioses es algo que viene desde antiguo. A la libertad humana siempre se le han presentado diferentes realidades como aspirantes a centrar sus energías: el dinero, el poder, el amor, etc…
También, desde siempre, Dios, se le entienda como se le entienda, ha aparecido en el horizonte con pretensiones supremas: ninguna realidad de este mundo puede saciar el corazón del hombre.
Quien le da la espalda a Dios, ¿a quién le da la frente?
Y, además:¿es preciso salir de la Iglesia con tanto jaleo?. Si uno quiere irse, no necesita hacerlo burlándose de las creencias de los demás, o ridiculizando los símbolos de una religión.

Señores apóstatas: un poco de elegancia por lo menos.

48 horas justas es el tiempo que falta para el examen de hebreo. Un examen al que podemos llevar todo el material que queramos. Durará sólo 50 minutos.
Al contrario de otras veces, hoy no estoy muy nervioso, porque no se me ocurre ni imaginar lo que nos preguntará.
Tener un profesor coreano de hebreo bíblico tiene estas cosas.