Hasta para apostatar, la elegancia es un plus.
Vaya por delante que a mí, la apostasía me parece, así, de primeras, algo muy curioso. Y es que lo de pertenecer a una confesión religiosa es como lo del padrón municipal: no puedes borrarte de un ayuntamiento sin inscribirte en otro. Y yo me pregunto: ¿el que se “borra” de la Iglesia Católica ha pensado dónde se “apunta”?
Lo de la competencia entre los diferentes dioses es algo que viene desde antiguo. A la libertad humana siempre se le han presentado diferentes realidades como aspirantes a centrar sus energías: el dinero, el poder, el amor, etc…
También, desde siempre, Dios, se le entienda como se le entienda, ha aparecido en el horizonte con pretensiones supremas: ninguna realidad de este mundo puede saciar el corazón del hombre.
Quien le da la espalda a Dios, ¿a quién le da la frente?
Y, además:¿es preciso salir de la Iglesia con tanto jaleo?. Si uno quiere irse, no necesita hacerlo burlándose de las creencias de los demás, o ridiculizando los símbolos de una religión.

Señores apóstatas: un poco de elegancia por lo menos.